viernes, 9 de mayo de 2008

Apertura de CUE Madrid

CUE MadridCUE es un espacio para la expresión espontánea y la improvisación interdisciplinar; un espacio de creación y exposición de libre participación sin filtro de comisariado. El espacio, que abre hoy sus puertas, lo hará en adelante el primer viernes de cada mes en las naves de Intermediæ.

CUE cuenta con un espacio equipado con medios técnicos a disposición de los participantes (400 m2, amplificación, vídeo proyectores, cámaras de vídeo, canales de audio, reproductores de DVD y alguna que otra sorpresa). Cada participante está invitado a traer los dispositivos que considere: instrumentos musicales, camáras, grabadoras, pinceles, vestuario, objetos, etc. Cada mes distintos colaboradores crearán una escenografía diferente.

CUE será todo lo que suceda en ese espacio y en ese tiempo. Los participantes se sumergirán en un proceso de creación plural y simultánea en el que diferentes disciplinas, como danza, música, teatro, videoarte, escenografía o juego, dialogarán durante su proceso de producción desde la premisa de la improvisación.

La finalidad de CUE no es comunicar un resultado o un producto, sino crear las condiciones de posibilidad para que el participante viva y goce su tiempo, en un juego colectivo donde se busca una comunicación siempre nueva e inmediata bajo las claves de interacción, proceso y movimiento.

CUE se desarrolla en el contexto del programa de Ayudas a la Creación Contemporánea.

1ª Edición: 9 de mayo, desde las 20.00 horas
Lugar: Intermediæ, Matadero Madrid. Paseo de la Chopera, 14. Entrada libre


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lunes, 5 de mayo de 2008

Cuatro formas de decir adiós

ABQ fast ernst.jpgCuando cuatro músicos llevan casi un cuarto de siglo tocando juntos y uno de ellos desaparece, no resulta tan fácil continuar. Le ha ocurrido al Cuarteto Alban Berg después de que uno de sus componentes, el viola Thomas Kakuska, falleciera en julio de 2005 tras una larga enfermedad. La incorporación, en su lugar, de su alumna Isabel Charisius no ha desmerecido en ningún momento la impronta dejada por su maestro. Antes al contrario, ha servido para descubrir a una intérprete extraordinaria. Pero Günther Pichler, Gerhard Schulz (violines) y Valentin Erben (violonchelo) venían notando una sensación rara, de que algo faltaba, como lo reconocían en febrero pasado al diario londinense The Times: “Fue extraño cuando Thomas murió. Queríamos continuar y él quería que continuásemos. Pero algo se rompió en nuestros corazones”.

El Cuarteto Alban Berg deja de tocar para siempre el próximo mes de julio. Antes han querido hacer una gira de despedida, que les ha llevado primero por Estados Unidos, continúa ahora por Europa y concluye en verano tras recorrer Iberoamérica y Asia. Esta semana se despiden de su fiel y devoto público español en los conciertos de Zaragoza (día 5) y Madrid (días 6 y 8). No hay que ser adivino para presumir que estas actuaciones estarán marcadas por la emoción de una cita trascendental. Calla para siempre el sonido hondo y añejo de la cuerda estos cuatro músicos; la perfección técnica de sus ejecuciones, el empaste de sus instrumentos, la intensa expresión de sus interpretaciones. Ya nos será imposible volver a oírlos en directo. Sólo quedarán los discos y el recuerdo.

De Joseph Haydn abordarán L’ Introduzione (de Las siete últimas palabras de nuestro Salvador en la Cruz, op. 51) y el Cuarteto nº 1 en sol mayor, op. 77, que fue de los últimos que compuso el músico austriaco. Una de estas piezas abrirá cada concierto, como una manera de instaurar un punto de partido en el recorrido estético y musical que propone en esta gira el cuarteto vienés. De hecho, con Haydn se produce una evolución en la forma, al incorporarse un mayor desarrollo de las partes de viola y segundo violín hasta conseguir que los instrumentos entablen un auténtico diálogo musical. La siguiente etapa se cubrirá con el Cuarteto nº 15 en sol mayor, D. 887, de Franz Schubert, y uno de los últimos cuartetos compuestos por Ludwig van Beethoven, el nº 15 en la menor, op. 132, fechado en 1825 y que pasa por ser el más accesible de todos ellos. Tiene un movimiento lento de un lirismo extraordinario que el músico de Bonn subtituló “Canción de agradecimiento de un convaleciente ofrecida a la divinidad”.

La última parte, como no podía ser de otro modo, la configuran las obras del compositor vienés Alban Berg. Se tratan del Cuarteto op. 3, que tiene pasajes donde tendremos ocasión de oír el lucimiento de la viola de Isabel Charisius; y de la inmortal Suite Lírica, una auténtica joya compuesta en 1926. Berg dijo de ella que era “una expresión de amor lírico”. En realidad, la partitura recreaba su amor furtivo y clandestino por Hanna Fuchs, hermana del poeta Franz Werfel y, por tanto, cuñada de su admirada amiga Alma Mahler. Por ello esta obra recuerda vagamente al tema de amor del Tristán wagneriano. Seis movimientos cortos donde utiliza una clave musical con sus iniciales y las de su amada, y que subtitula algunos de ellos como “Andante amoroso”, “Presto delirando-tenebroso” o el final “Largo desolato”, inspirado en el poema De profundis clamavi de Baudelaire.

Estas serán las últimas obras que tocarán juntos. Luego, cada uno se irá por su lado. Günter Pichler quiere dedicarse a dirigir, cosa que empezó a hacer en 1989 con la Orquesta de Cámara de Viena. Gerhard Schulz e Isabel Charisius se integran en una nueva formación, el Waldstein Ensemble, donde también toca la esposa de Gerhard. Atrás quedará toda una vida unida por el recuerdo de Thomas Kakuska, sin el que ya no tenía sentido continuar. Como en ese poema de Baudelaire en el que se inspiró Berg:

“Porque no hay en el mundo horror que sobrepase/ La fría crueldad de ese sol congelado/ Y de esa inmensa noche semejante al viejo Caos”


Cuarteto Alban Berg. Obras de Haydn, Berg, Schubert y Beethoven. XVI Liceo de Cámara. Fundación Caja Madrid. Auditorio Nacional. Días 6 y 8 de mayo.

Texto: Felipe Santos

 

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lunes, 28 de abril de 2008

Espacios de Creación

espaciosLa Fundación Fausto Orbegozo Eizaguirre ha editado una revista cultural llamada “Espacios de Creación” con la intención de acercar la cultura a la calle y dar a conocer a nuevos creadores.

Con carácter trimestral y bajo una amplia diversidad de contenidos que incluyen arte, cine, teatro, música, danza, arquitectura, ciencia, diseño, gastronomía y viajes, “Espacios de creación” nace con la idea de dar voz a todos aquellos creadores, noveles o consolidados, de toda la geografía nacional.

La revista, que cuenta con un formato muy cómodo para su lectura, está dirigida por José Antonio Ibáñez de Garayo, proyectada hacía los sectores profesionales y concebida como un apoyo hacia la obra de los nuevos creadores.

Damos la bienvenida a esta nueva revista que, bajo esta filosofía impulsadora del arte, aparecerá en escena con periodicidad trimestral al precio de 6€.

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miércoles, 23 de abril de 2008

Libros y música

Son muchas, afortunadamente, las conexiones entre dos de las más bellas entre las Bellas Artes: la literatura y la música. Hoy, que se celebra el día del Libro, y que muy bien te verás obligado a regalar uno, o comprarlo para ti, ahí va una breve selección desde este rincón dedicado a la Música de Comunicación Cultural. Hay muchos más, que podrás encontrar en la sección de reseñas de libros de Dosdoce.com:

9788496489370.jpgPoética musical, de Igor Stravinsky (Acantilado, 2006). El gran compositor ruso Igor Stravinsky (1882-1971) aborda en estas seis lecciones, dictadas en la Universidad de Harvard a finales de los años treinta, una reflexión profunda sobre el fenómeno musical. Habla del orden y la disciplina, como característica propia de lo musical: “El arte es constructivo por esencia. La revolución implica una ruptura de equilibrio. Quien dice revolución dice caos provisional. Y el arte es lo contrario del caos”. Habla del fenómeno musical como especulación sobre el sonido y el tiempo, del estilo, de la biografía de la música. Y por último, de los problemas que genera la propia interpretación musical. Poética musical permite dos lecturas: una más superficial, de un tirón, porque el libro tiene pocas páginas y está muy bien escrito, y otra mucha más reflexiva, donde podemos detenernos en esos momentos del texto donde el compositor es capaz de concentrar en una frase las tesis fundamentales de sus conferencias. Sin erudiciones innecesarias, con una sencillez que llega a asombrar. La edición de Acantilado se completa con una introducción del escritor y premio Nobel de Literatura de 1963, Iorgos Seferis, fechada en mayo de 1969. (Reseña en Dosdoce.com)

El canto de las sirenas portada.jpgEl canto de las sirenas, de Eugenio Trías (Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 2007). Uno de los grandes acontecimientos editoriales del año, en lo que se refiere a libros que hablan sobre música. En él, el filósofo EugenioTrías urde una “trama de reflexiones” sobre los grandes compositores de la música culta occidental, desde Claudio Monteverde hasta Iannis Xenakis. El propio autor reconoce en sus páginas que faltan algunos, pero que por razones de espacio ha decidido posponerlos para otra ocasión. No en vano el volumen editado sobrepasa las mil páginas. Así que a lo mejor este ensayo de ensayos verá una segunda parte donde encontraríamos a los Verdi, Liszt o Shostakóvich que no aparecen en éste.
La música como forma de conocimiento, como materia de reflexión para iluminar los rincones desconocidos del hombre. “La música —ya desde sus orígenes— ejerce una forma civilizadora, como lo testimonia el relato de Orfeo y su descenso a los infiernos”. Esta es la tesis fundamental, el hilo conductor que une cada reflexión a lo largo del libro, precisamente a partir de la figura de Monteverdi y su Orfeo, que abriría el camino a una nueva forma musical: la ópera. Por esta razón puede leerse en el orden que aparecen en el libro o bien fragmentariamente, ya que cada capítulo está dedicado a un compositor en particular, a una visión distinta de la música y, por ende, como nos recuerda Trías, del hombre.

7513160.jpgHistoria de la Música para niños, de Monika y Hans-Günter Heumann (Siruela, 2007). Traducido por el crítico español Luis Gago y con ilustraciones de Andreas Schürmann, este vibrante libro de Siruela es una entretenida historia de la música para niños. Utiliza la estructura de un cuento, donde sus protagonistas, Clara y Federico, viajan mágicamente por el tiempo para encontrarse con la música y sus protagonistas. Abarca desde la prehistoria hasta la música del siglo XX. Cada periodo por el que viajan está sintetizado en cuadros sinópticos, divertidas anécdotas de los músicos, y juegos de preguntas y respuestas, que lo convierten en un libro óptimo para ser utilizado también en el aula. El tamaño de la letra lo hace óptimo para niños a partir de los 8-10 años.

miles-davis_ian-carr_libro-OBOL119.jpgMiles Davis. La biografía definitiva, de Ian Carr (Rba bolsillo, 2007). “Fui a dar con una trompeta, estudié y toqué”. Así se abre esta extensa y completa biografía, casi un remedo del romano “vini, vidi, vinci”, que evoca la trascendencia de vidas como la de Miles Davis a través de una formulación escueta y desprovista de adjetivos. Aunque en este tipo de vidas el adjetivo es el propio verbo; la propia acción del personaje, lo que la inspiró e impulsó hasta ser visto con el paso de los años como el gran renovador del jazz moderno. El trompetista escocés Ian Carr abordó la empresa de contar la vida de Davis a principios de los ochenta a través de los testimonios del propio protagonista y de un amplio abanico de quienes rodearon y fueron testigos de sus actuaciones y del característico sonido de su trompeta. La edición que viene hasta nosotros fue revisada con posterioridad por el autor tras la muerte del músico. Está escrita cronológicamente y en su lectura se advierte las lógicas controversias que aportaban artistas de la talla de Davis; siempre en continua evolución, en la búsqueda de un nuevo concepto y un nuevo sonido. Les ha ocurrido a todos. Y en esa manía tan contemporánea por clasificar lo inclasificable se pretendían encasillar las notas que emitía la trompeta de Miles: que si es be-bop, que si no, que no es jazz, o sí… Hoy casi nadie discute su influencia en una visión caledoscópica del ramillete de sonidos que emergieron tras la década de los sesenta en lo que se vino a llamar música moderna. “Yo no relleno formularios”, le espetó a la recepcionista de aquel hospital días antes de morir. Renunció a las etiquetas hasta el día de su muerte. Hoy descansa en el cementerio del Bronx neoyorquino, muy cerca de Duke Ellington y de una de sus inseparables trompetas.

Feliz día del Libro.

Texto: Felipe Santos

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lunes, 21 de abril de 2008

Nocilla Experience en concierto

nocilla experienceEl próximo miércoles 23 de abril, Día del Libro, Alfaguara y Radio 3 de RNE celebrarán la presentación de Nocilla Experience de Agustín Fernández Mallo con un concierto que retransmitirá en directo Radio 3. El autor icono de una nueva generación de escritores hablará de su personal manera de entender el mundo y el arte narrativo acompañado por las bandas de Sr Chinarro y La Costa Brava.

El concierto Nocilla Experience es una expresión más de su concepción de la literatura como un caleidoscopio que integra y absorbe lenguajes artísticos y referentes culturales de toda condición. Una fusión de todas las influencias que le inspiran: cine, música, ciencia, arte, televisión, Internet, poesía… El concierto tendrá lugar en La Casa Encendida (Ronda de Valencia 2), a las 20:30 horas, y forma parte del programa de actividades de La Noche de los Libros.

Nocilla Experience es la segunda novela del "Proyecto Nocilla", tras la sorprendente renovación que supuso Nocilla Dream (considerada por la crítica una de las mejores novelas escritas en castellano del año 2006 y 2007), y que tendrá su colofón con Nocilla Lab. Desde Nueva York a Rusia, de Saigón a Los Angeles, de Basora a Armenia, cada página de Nocilla Experience es una ráfaga de luz cargada de referencias, 112 paratextos convertidos en fragmentos novelísticos, capítulos ambientales, links y windows que conducen a nuevas realidades.

El concierto Nocilla Experiece supone una nueva forma de acercarse al público y a los lectores, una vía transversal de unir distintas disciplinas y distintos soportes gracias a la colaboración de Radio 3. Una innovadora fórmula de difundir un libro y, con él, de expresar una manera de entender y estar en el mundo.

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domingo, 13 de abril de 2008

Una novena para un centenario

k125695a.jpg"Delante tenía ese papel. Se alzaba entre mí y un poder ilimitado, con un presupuesto para la orquesta, tantos conciertos y giras como quisiera. Dije: '¡Al diablo!'. Y firmé. Tenía una secretaria, una oficina. Era el paraíso a cambio de, quizás, dar un concierto para ellos de vez en cuando". Con aquella firma, quizá sin darse cuenta, Herbert von Karajan (1908-1989) incorporó a su biografía un hecho que condicionaría el juicio sobre su figura y toda su posterior e ingente obra. De alguna forma, siguió los pasos de Fausto en el drama de Goethe, con un Mefistófeles convertido en un régimen nazi que lo jaleó como una de sus grandes enseñas. El orondo Hermann Göring lo acogió como su director favorito, en gran parte para demostrarle así al presuntuoso de Goebbels que su inestable y taciturno Fürtwangler no era más que un director pasado de moda. La nueva Alemania necesitaba nuevos directores, después de la desbandada de los Kleiber, Walter y Klemperer. Karajan —así se lo confesaría años más tarde al biógrafo Roger Vaughan— no dudó en echarse a los brazos del enviado del maligno con el fin de hacer todo lo que envidiaría y desearía un director de orquesta que se hallaba en sus primeros años de trayectoria artística. En juego estaba su ingreso en la Ópera de Aquisgrán y un futuro en las mejores orquestas. “Dos almas ¡ay de mí!, imperan en mi pecho y cada una de la otra anhela desprenderse. Una, con apasionado amor que nunca se fatiga, como con garras de acero a lo terreno se aferra; la otra a trascender las nieblas terrestres aspira, buscando reinos afines y de más alta estirpe”.

Aquella decisión marcaría, para bien o para mal, toda su carrera como director. Un “sí, pero…” que ha llegado hasta nuestros días, cuando se celebra el centenario de su nacimiento. Partidarios y detractores han vuelto a salir a la arena para enjuiciar a quien fuera calificado por la crítica del Berlín nazi como “Das Wunder Karajan”. Lo paradógico es que, en realidad, a Hitler no le acabó de gustar nunca, sobre todo después de que se confundiera en una parte del Meistersinger wagneriano y le hiciera prometer a Winifred Wagner que aquel enjuto directorcillo no pondría sus pies en la sagrada Bayreuth mientras él viviera.

Con el fin de la guerra, Karajan comenzó a pagar parte del tributo por aquella firma. Fue desnazificado y se le prohibió dirigir en Alemania. Pero para entonces ya era el gran director que sin duda llegó a ser. Y ese hecho no pasó desapercibido para un Walter Legge que le ofreció viajar con él a Londres y poner en sus manos las huestes de la recién nacida Orquesta Philarmonia y comenzar a grabar el gran repertorio para la discográfica Emi. Bajo su batuta, la centuria londinense consiguió evolucionar hasta erigirse como una de las mejores orquestas del mundo. Mefistófeles le daba un respiro a Fausto, quien cada mañana debía hacer frente a unos atriles tras los que tocaban músicos que, no hacía demasiado tiempo, empuñaron fusiles para terminar con el régimen que lo encumbró. “Tú eres, al fin y al cabo…lo que eres. Ponte pelucas de millones de rizos; calza tus pies con coturnos de una vera de alto, y a pesar de todo, seguirás siendo siempre lo que eres.”

Lo que ocurrió después ya conocido. A la muerte de Fürtwangler en 1954, se hizo con el podio de la Orquesta Filarmónica de Berlín y desde allí reinó hasta su muerte en 1989 con casi mil grabaciones en su haber. Aquella relación estrecha y tormentosa a la vez con los músicos berlineses sólo se torció con la llegada de la clarinetista Sabine Meyer a la orquesta por exclusivo empeño del director. La formación no estaba preparada todavía —estamos en 1982— para admitir a la primera solista femenina de su larga historia y aquel frustrado intento marcó la distancia que le acercaría más en sus últimos años hasta la aristocrática Filarmónica de Viena, con quien se encontraba de forma habitual en el foso de Staatsoper y del Festival de Salzburgo. Afortunadamente, aquello cambió, sobre todo con quien heredaría el podio berlinés, Claudio Abbado, y hoy podemos ver a las mejores orquestas del mundo con generosas dotaciones de instrumentistas femeninas excelentes.

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“¡Yo retroceder delante de ti, hijo del fuego! Yo soy Fausto, yo soy inmortal como tú…”. Casi no hay partitura conocida, si excluimos las escritas por la generación posterior a la Segunda Escuela de Viena, que no llevara al disco. Aquella obsesión le labró un considerable patrimonio y lo hizo omnipresente en las baldas de las tiendas de disco. Pero la contrapartida vino en forma de agotamiento progresivo, de saturación auditiva de parte del público que ya sólo veía en sus creaciones remedos efectistas de sus primeros registros. No había consenso. Así era Karajan, tan absoluto como su estilo de dirección: o lo amas o lo odias.

Para terciar o atizar aún más, quién sabe, la pugna entre filias y fobias, ha aparecido recientemente, gracias a EuroArts, una Novena de Beethoven en soporte DVD, grabada en directo en el concierto de la Nochevieja de 1977 en la Philarmonie en Berlín. El registro, dirigido por Humphrey Burton, nos acerca al maestro salzburgués en una de sus indiscutibles grandes noches. Somos testigos, durante setenta minutos, de su particular forma de construir el discurso sonoro, que llega a nuestros oídos contundente, nítido, bello, de gran intensidad dramática. De un primer movimiento que va in crescendo, apoyado en la poderosa cuerda berlinesa, jugando con los equilibrios y desequilibrios de la magistral partitura beethoveniana, pasamos al ostinato inicial del segundo, el control de las reverberaciones, hasta el lirismo y la delicadeza del eterno tercer movimiento. En el último, asistimos a la apoteosis coral de esta obra eterna, con un Van Dam pletórico en el fraseo y el conmovedor sonido que surge del empaste de estas cuatro voces excepcionales, que nos evoca la voz que ese otro coro místico que deja oír aquella frase del Fausto de Goethe: “Todo lo perecedero no es más que figura. Aquí lo Inaccesible se convierte en hecho; aquí se realiza lo Inefable. Lo eterno femenino nos atrae hacia lo alto”.

BEETHOVEN: Sinfonía num. 9 en re menor “Coral”. Anna Tomowa-Sintow (sop.), Agnes Baltsa (cont.), René Kollo (ten.), José Van Dam (baj.). Coro de la Deutsche Oper de Berlín. Orquesta Filarmónica de Berlín. Herbert von Barajan (dir.) Grabación en directo, 31.12.1977. 70 min. Subtítulos en español. EUROARTS – Unitel. Distribuido por Ferysa.

Texto: Felipe Santos

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viernes, 4 de abril de 2008

Un paseo accidentado

minko_pleyel.jpgHacía lo que se dice una buena tarde. El adelanto de la hora permitía que, antes de las ocho, el sol calentara la fachada del Teatro Real como suele hacerlo cuando el verano se aproxima. El clima también era propicio en el interior del recinto, donde se esperaba con expectación a la orquesta francesa Les Musiciens du Louvre, con su director Mark Minkowski al frente, y a la mezzo sueca Anne Sofie von Otter.

El itinerario que proponía el director francés hubo que modificarse un poco al principio, donde se nos anunció que nuestro paseo por las campiñas francesas de Auvernia se dejaba para el cierre de la primera parte y el comienzo de la segunda, y que los fragmentos orquestales de la Carmen de Bizet concluirían el concierto. La apertura, con la Sinfonía nº 2 de Saint-Saens, nos desvelaría las principales virtudes que aúna esta formación: un sonido nítido, carnoso y con cuerpo, procedente de instrumentos acordes con la época: flautas de madera, violines que habían recuperado la mentonera que aportara Spohr pero que mantenían sus cuerdas de tripa. La orquesta tocó con detalles de gran calidad en las dinámicas, como el diminuendo con que nos obsequió al cierre del segundo movimiento. La Odelette para flauta y orquesta es una obra menor que la anterior, que subraya el carácter grácil, sutil y a veces cartesiano del estilo de composición sinfónica del autor francés, donde hubo ocasión para el lucimiento de varios de los solistas de la orquesta.

showimg.htms.jpgY en esto llegó uno de los momentos más esperados de la noche. Le tocaba el turno a las sugerentes Chants d’Auvergne, de Canteloube, interpretadas por la admirada Anne Sofie von Otter. Una verdadera excursión bucólica por los verdes prados y los horizontes montañosos de esta zona del Macizo Central francés, donde pastores y aldeanas entremezclan requiebros, divertimentos y nostalgias. Sin embargo, el paseo dejó de ser lo apacible que prometía. La voz de la mezzo sueca no tuvo una buena noche. Convaleciente, voz cansada o el efecto inexorable del paso del tiempo. Tan solo dejó asomar su clase deslumbrante en la deliciosa La delaïssádo (La abandonada), que devino en espejismo al irse apagando con cada canción. Ni el descanso sirvió para que los negros nubarrones que irrumpieron en nuestra partida de campo terminaran por desaparecer. “Ay! Souï delaissádo!/ Que n’aï pas vist lou mio galant;/ crésio que m’aïmábo,/ è ton l’aïme ieu! (¡Ay, me han abandonado!/ No veo a mi amor,/ !yo creí que me quería/ tanto como le quiero yo!)”.

Tras la fallida excursión, Minkowski se resolvió a arreglarlo con el Bizet que cerraba el concierto. Sonaron los primeros compases del Preludio de la ópera Carmen, y el sol volvió a brillar sobre los atriles de la orquesta francesa. El director abordó esa primera parte con un ímpetu que parecía en ocasiones algo descontrolado, como el pura sangre que inicia su primera carrera tras un largo periodo encerrado en el establo. La serenidad volvió con las siguientes partes que concluyeron con una coda final que nos devolvía a la diversión y mordiente mostradas al principio. Concluyó el concierto con dos bises, el adagietto y la farandole de L’Arlesienne, que resultaron a la postre dos joyitas que permitieron al público, que tosió con la intensidad acostumbrada, irse con un buen sabor de boca.

Les Musiciens du Louvre. Obras de Saint-Saëns, Canteloube y Bizet. Anne Sofie von Otter (mez.), Mark Minkowski (dir.). Teatro Real. 2.4.08.

Texto: Felipe Santos

Fotos: Muriel Vega y Mats Bäcker / DG

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lunes, 31 de marzo de 2008

Von Otter y Minkowski, en el Teatro Real

El próximo miércoles 2 de abril, el Teatro Real se prepara para una de sus grandes noches. Sube a su escenario por primera vez la mezzo sueca Anne Sofie von Otter en compañía de un ya asiduo del coliseo madrileño, el director francés Mark Minkowski y su Les Musiciens du Louvre.

Poco cabe decir de los intérpretes, bien conocidos por el público melómano. Para los neófitos, diremos que este miércoles tienen una buena oportunidad de ver cantar a una de las mejores cantantes de su generación junto a una orquesta que cuenta ya con una dilatada experiencia de originalidad y renovación en sus propuestas artísticas. Juntos ya ofrecieron un concierto homenaje a Offenbach en el Chatelet parisino, que puede encontrarse en DVD y que constituye un auténtico monumento al buen gusto y a la excelencia en la interpretación.

La música fluye renovada de los instrumentos de estos profesores de Grenoble. “Corazón y cabeza son lo más importante de un instrumentista”, decía esta mañana de sus músicos Mark Minkowski, que anda siempre en busca de una experiencia sonora nueva, cimentada en el estudio concienzudo y en la lealtad al espíritu, más que en la fidelidad acrítica, de las partituras de los compositores que dirige.

El miércoles, Minkowski abordará música de dos siglos diferentes: el XIX y el XX, en una muestra de esa versatilidad que atesora esta formación, que se forjó su fama con el repertorio barroco (Rameau, Haendel). Esa noche podrán oírse obras de Camille Saint-Saens, con su Sinfonía nº 2 en La menor y la Odelette en Re mayor para flauta y orquesta; George Bizet, con el preludio y tres entreactos a su ópera Carmen (fragmentos incluidos en un reciente disco de su estrenada colaboración con el sello Naive) y los Chants d’Auvergne, compuestos en torno a 1920 por Joseph Canteloube y a los que prestará el singular registro de su voz esa artista excepcional que es Anne Sofie von Otter.

Texto: Felipe Santos

Acceso al Teatro Real

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miércoles, 23 de enero de 2008

Zemos98 - Regreso al futuro

Tomando el número 10 como centro del juego, ZEMOS98 propone 10 talleres de 10 temáticas diferentes y que estén formados por 10 participantes cada uno. Todos los talleres convivirán bajo el título de Encuentros Regreso al futuro y se desarrollarán en el centro de las artes de Sevilla (caS, en Torneo, 18).

zemos

Los talleres, que conforman la parte más importante de la programación de ZEMOS98 10a edición, son los siguientes:

1/ “Preferiría Hacerlo” (un taller de artes plásticas pensado para trabajar en colectivo) impartido por Federico Guzmán

2/ “Cartografías de la Escucha. Audiovisiones y Geocaching Sonoro en Sevilla” (un taller sobre antropología del sonido) impartido por Chiu Longina

3/ “Otros eclipses. Relaciones entre tiempo cinematográfico y tiempo” (un taller sobre la performance, el tiempo fílmico y la remezcla) impartido por Blanca Calvo

4/ “Mediabiografía y Narrativas insurgentes. Tecnologías de la memoria para un relato colectivo” (un taller sobre la memoria, el relato y la tecnología) impartido por Virginia Villaplana

5/ "Retromod the game" (un taller sobre videojuegos, pasado, presente y futuro) impartido por Flavio Escribano

6/ “Serialización e hipertextualidad: otra narrativa posible como proyecto sostenible en internet” (un taller que apoya la Sexta Declaración de La Selva Lacandona, sobre narrative media, autogestión y sostenibilidad en la red) impartido por Fran ilich

7/ “Ni rastro de carmín” (un taller sobre activismo, mitología y vanguardia) impartido por Ptqk (María Pérez)

8/ “GRAB & REMIX” (un taller sobre plagiarismo y cultura libre) impartido por David Casacuberta y Marco Bellonzi

9/ "Flamenco, acción y cintas MiniDV" (un taller sobre flamenco y videovigilancia) impartido por Santi Barber y Curro Aix

10/ "¿Alguien dijo contenidos?" (un taller sobre el compromiso narrativo y la importancia de los contenidos en internet) impartido por Joan Carles Martorell

Para más información: ZEMOS98

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viernes, 16 de noviembre de 2007

De oro mínimo

ardeLevantó el telón de esta temporada el Teatro Real con una ópera de concepto eminentemente psicológico y simbólico, donde la escena sugiere más que muestra. No es una ópera fácil la de Modest Mussorgsky (1839-1881). Escrita sobre el drama de Pushkin, Boris Godunov fue compuesta en 1831, pero fue censurada hasta 1870. La versión que pudimos ver en el Real es una fusión de las de 1869 y 1872, revisada por Pavel Lamm en 1928, que conserva buena parte de la orquestación originaria, ésa que luego Rimski-Korsakov consideraría incompleta y pobre para acabar haciendo su propia revisión de la obra.

En Boris Godunov todo es demasiado premonitorio: el protagonista está abocado a la autodestrucción. Este presagio ominoso recorre toda la obra, todas las palabras que pronuncia el gran zar ruso. En una metáfora que aún todavía adquiere pleno sentido, lo tiene todo menos sosiego en su espíritu. En momentos en que nos recuerda al Ricardo III de Shakespeare o al desgarrado Felipe II de Verdi en Don Carlos, llega a decir: "En el esplendor de mi poder ilimitado he implorado el consuelo con lágrimas".

Klaus Michael Grüber, sobre una escenografía del pintor Eduardo Arroyo, plantea una escena netamente conceptual, minimalista en todas sus líneas. Suelos ajedrezados, tronos poliédricos. En el primer acto, nos presenta un gran muro de hormigón que simboliza a una monarquía, la zarista, que era invisible al pueblo. Entre turquesas y dorados, dos colores muy presentes en las cúpulas de las iglesias rusas, discurre la obra, con un zar bañado en oro, que recuerda a los iconos y a aquel rey Midas que convertía en oro todo lo que tocaba. En el apartado menos conseguido quedan aspectos como el vestuario del coro, que la obra pretende presentar en contraste con la corte, como si fueran pordioseros, pero que hoy día pasarían por un grupo cualquiera de turistas. También el cuadro del convento, que Grüber lo centra en un mini escenario de apenas dos metros cuadrados: se cuentan demasiadas cosas muy importantes para seguir bien la trama sin el apoyo de movimientos escénicos que adviertan al espectador de la relevancia de la historia que cuenta el viejo monje.

Samuel Ramey dibujó un Boris Godunov convincente, trabajado desde la experiencia que atesora el gran bajo norteamericano. Su voz, lógicamente, acusa el paso del tiempo, pero sigue teniendo gran parte de las facultades que le han hecho famoso. Muy bien el Varlaam de Vladimir Matorin y, particularmente, dejó una gran impresión Stephan Rügamer, con un Príncipe Chuiski al que prestó un timbre muy bello y personla. Excelente la dirección musical de Jesús López Cobos, que contó con una orquesta flexible en todas las partes de la partitura, en especial la sobrecogedora escena de la muerte final. El coro, al mando de Jordi Casas, cumplió con las expectativas.

Texto: Felipe Santos
Foto: Javier del Real

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lunes, 1 de octubre de 2007

Ven a la marcha

americaEn la tarde del próximo 12 de octubre Madrid se convertirá en la capital iberoamericana con la celebración de La Marcha, un encuentro musical que llenará de ritmos tropicales las calles del centro de Madrid.

La Marcha será un gran acontecimiento festivo, que por primera vez se celebra en España, y que conmemora esta fecha como patrimonio común de los pueblos iberoamericanos. Un espectáculo con cuatro grandes carrozas que transportarán los ritmos tropicales, la música urbana, la samba brasileña y los sones del Caribe por las calles más céntricas.

Grandes artistas del continente americano serán los encargados de poner la música desde las cuatro carrozas que recorrerán La Marcha: el colombiano CARLOS VIVES, los cubanos VAN VAN, los Niños de Candeal, colectivo formado por la escuela de música de Lactomia, fundada por Carlinhos Brown en Salvador de Bahía, y Sonido Urbano.

Todos ellos, más una amplia representación de músicas y danzas de muchos países iberoamericanos, gracias a la colaboración de sus respectivas Embajadas y asociaciones con sede en Madrid, harán bailar a las miles de personas que se congregarán en pleno corazón de la capital, en esta fiesta abierta a todos que reflejará el espíritu de integración de una urbe en la que ya residen medio millón de latinoamericanos.

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jueves, 6 de septiembre de 2007

Pavarotti, in memoriam

Se nos ha ido el gran Luciano, sin duda una de las mejores voces del siglo XX ya extinto. Operado de cáncer de páncreas el año pasado, su salud se ha ido deteriorando a lo largo de los últimos meses, en los que apenas ha podido dar unas clases a unos cuantos alumnos y echar unas partidas de cartas con sus amigos de la infancia. Ha fallecido esta madrugada rodeado de su familia en su casa de Módena (Italia).

La experiencia de escuchar a Pavarotti siempre ha sido la de dejarse abrazar por su voz: amplia, nítida, con una cierta cavernosidad que envuelve nuestro sentido en un estremecedor conjunto. Hijo de un panadero amante de la ópera, debutó el 29 de abril de 1961 en el Teatro de Reggio Emilia con el papel de Rodolfo de la ópera La Boheme, de Puccini. Para el recuerdo queda este fragmento documental donde le vemos cantar con su padre (¡cómo cantaba su padre!) y en un instante de aquella noche histórica cantando la famosa aria Che gelida manina en compañía de su inseparable Mirella Freni.

Tras aquella representación comenzó una carrera que se ha extendido hasta los últimos años del siglo. En el camino quedan muchos hitos en la interpretación operística y, por suerte, nos han quedado muestras de su gran talento a través del disco, como el extraordinario registro que hizo junto a Mirella Freni y Herbert von Karajan de La Boheme de Puccini en 1972 (Decca). Si no lo tienen, háganse con él. No se arrepentirán. Hoy, junto a Alex Ross, de The New Yorker, le rendimos homenaje con una de sus actuaciones en la Scala de Milán junto a Ileana Cotrubas en 1979.

Obituarios de los críticos Anthony Tommasini en The New York Times y Andrew Clark en Financial Times.

Texto: Felipe Santos

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miércoles, 15 de agosto de 2007

Un Mahler incompleto en El Escorial

ValeryGergievM.jpgEscuchar una sinfonía como la Tercera de Mahler rodeado del paisaje único de San Lorenzo de El Escorial debería ser un acontecimiento único, un auténtico placer para los sentidos por su poder de evocación. Muchos de los que se sentaron el pasado 7 de agosto en las butacas del auditorio escurialense se mostraban dispuestos a contemplar la imagen sonora del estallido del verano, los colores de las flores del campo y el correteo de los animales del bosque tras haber matado la espera habiéndose dejado embriagar por la agradable canícula del paisaje que puede divisarse desde el balcón principal.

Los ingredientes jugaban a favor. Nada menos que el hiperactivo y sugerente director ruso Valery Gergiev, al frente de la Orquesta del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, del que es director general y artístico. Con este concierto se presentaba esta compañía operística en el Festival Lírico Internacional que organiza cada año el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial, esta vez con sus nuevos gestores tras el concurso fallado el año pasado. La participación de esta formación rusa se completaría en días sucesivos con Tosca, de Puccini, Il Viaggio a Reims, de Rossini, y un nuevo concierto que clausuraría el festival con La consagración de la primavera en atriles, de Stravinski, entre otras obras.

Sin embargo, no fue ninguna noche especial, si dejamos aparte la interpretación del último movimiento. Todo, desde el comienzo, tenía un intenso aroma a algo improvisado, a un aquí-te-pillo-aquí-te-mato deslavazado, incompleto, algo cojo. Primero, la disposición de la orquesta en el minúsculo escenario que dejaba la producción operística que se iba a ver al día siguiente y que obligó a interpretar esta sinfonía con un telón de fondo, sin una concha escénica que diera forma al sonido, de desde el comienzo sonó plano y sin relieve. Luego, los excesivamente sobrios programas entregados por la organización, que quedaban huérfanos de una breve introducción a la obra, por no decir una traducción de las partes cantadas. Y durante la interpretación, el juego de luces que se trajeron los operarios de sala, que invitaba a imaginar una divertida discusión entre bastidores sobre qué luces deberían estar encendidas o apagadas. Por lo que se ve, la discusión debió durar hasta el último movimiento. Quizás sea la falta de costumbre.

Pero lo que pareció improvisado de principio a fin fue la propia interpretación de la sinfonía. Por lo menos en lo que se refiere a su sección de trompas y trompetas, que rivalizaron en ataques imprecisos durante toda la ejecución. Con estos mimbres, la sinfonía evolucionó incompleta, mutilada en su sentido musical por unas trompas destempladas y dubitativas, comportamiento se extendió hasta la trompeta que suena oculta en el proscenio durante el tercer movimiento. En el cuarto, la voz oscura y profunda de Zlata Bulycheva apenas lograba encaramarse por encima de unos metales que sonaban inusualmente altos. En el siguiente, el coro de mujeres y niños, colocados donde por donde podían, cantaron bien, aunque su retirada del estrado se hiciera con el movimiento todavía sin terminar y con los ruidos lógicos que no dejaron brillar el conjunto. Improvisación, una vez más.

Pero en esto llegó el sexto movimiento, aquél que Mahler tituló “lo que me cuenta el amor”, que en el fondo no es más que la búsqueda de las razones últimas, la que da orden y sentido a todas las cosas, reflejadas en cada uno de los movimientos anteriores. Cobró protagonismo la excepcional cuerda de la orquesta rusa, que surgió modelada por las manos de ese orfebre del sonido que es Valery Gergiev. Emergieron líneas melódicas muy sobrias, con esa claridad que concede la especial orquestación de las composiciones mahlerianas. Un verdadero monumento al equilibrio, con acentos, detalles, pausas, accelerandi y ritardandi plenos de expresión y colorido orquestal. Curiosamente, trompas y trompetas no la pifiaron al final, como contagiados por la excelencia de sus colegas, y la sinfonía se saldó con una salva muy generosa de aplausos. Alguno, en el delirio, llegó a gritar un bravo, obviando en su memoria la insatisfacción de los movimientos anteriores. Gergiev optó por levantar al trombón solista en un sinfonía apta para que los solistas de todas las secciones de metal reciban en persona la ovación del público. No era el caso esa noche. Junto a la mezzo, la trompeta oculta salió a saludar con cara de sorpresa. No era para menos. Otra vez será. Malas noches las tienen todos. Y buenas también. Afortunadamente.

Texto: Felipe Santos

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lunes, 14 de mayo de 2007

Yo, Farinelli, el capón

farinelliLa figura del castrato y su importancia e influencia en el Barroco europeo son hechos poco conocidos y valorados en la cultura actual. Pero lo cierto es que no sólo ejercieron su poder sobre el mundo de la música como verdaderos personajes mediáticos que eran (algo así como nuestros mayores ídolos del pop o las más grandes estrellas de Hollywood), sino que tuvieron mucho que ver con el desarrollo de otras artes, con el conocimiento y difusión de otras culturas y otros idiomas (a través de sus viajes por las cortes más importantes de la Europa del XVIII) y su consecuente peso en la política de la época a través de las estrechas y personalísimas relaciones que mantuvieron con los reyes y las reinas de entonces.

De entre todos los castrati, Carlo Broschi, Farinelli (1705-1782) es considerado el más grande de todos los tiempos. Y pocos saben que, además de triunfar en Italia, Austria e Inglaterra, también lo hizo en España, donde permaneció durante 22 años. Fue Isabel de Farnesio, italiana como él, quien lo mandó traer a la corte como último recurso para intentar curar con su voz prodigiosa la depresión de su esposo, el rey Felipe V. Y así, Farinelli no sólo vivió en España durante este reinado, sino también durante el de Fernando VI, hasta que fue expulsado de la corte por Carlos III a causa del profundo odio por la música por parte del monarca y sobre todo obligado por una despechada Isabel de Farnesio que no perdonaría al castrato verse relegada a un segundo plano al acceder al trono Fernando VI.

Para ser un personaje tan importante no es mucha la información que existe sobre Farinelli. Quizá su carácter retraído, discreto, alejado de los escándalos y caprichos de otros divos de la época, hizo que se escribiese poco sobre él y, por tanto, que poco haya llegado hasta nosotros. En un intento de reconocimiento, Jesús Ruiz Mantilla ha querido con “Yo, Farinelli, el capón”(Editorial Aguilar) saldar en parte la deuda que España tenía con el músico y, a través de muchas lecturas, investigaciones y buceos en documentos históricos (en su mayor parte pertenecientes a los archivos de la ciudad de Madrid), nace esta obra donde se repasa la vida del artista.

Como el título indica, se trata de una novela narrada en primera persona por un imaginado Farinelli, con dos partes bien diferenciadas: la primera, Europa, donde nos cuenta desde sus primeros pasos en el mundo de la música, su castración, su evolución artística, el apoyo e influencia de su familia y sus maestros, sus primeros éxitos, sus primeros amores, y cómo Italia, Austria, Inglaterra, se ponían a sus pies. También su relación con los diferentes monarcas, con músicos y compositores, sus duelos con otros castrati, las conversaciones con su amigo Casanova, sus viajes, sus experiencias, sus inquietudes.

La segunda parte de la novela, España, recorre los 22 años de su estancia en nuestro país. Farinelli se encontraría a su llegada con una corte subdesarrollada a todos los niveles con respecto a las que él conocía, pero de la que pronto se enamoraría y donde llegaría a pasar los mejores años de su vida. Felipe V e Isabel de Farnesio, Fernando VI y Bárbara de Braganza, reinados donde Farinelli acumularía respeto, confidencias y riquezas, y donde dispondría de carta blanca para modernizar la España de la época a través de su conocimiento de otras cortes, trayendo a los mejores músicos y convirtiendo a España en el centro de la ópera europea, creando y organizando eventos artísticos y espectáculos para el pueblo,…

“Yo, Farinelli, el capón”, un estupendo retrato de la Europa y la España del siglo XVIII a través del relato de un hombre con una maravillosa voz de mujer que llevaría su arte por los más importantes escenarios pero que dejaría su corazón y lo mejor de sí entre nosotros, y su influencia en la posterior evolución de la música en nuestro país.

Jesús Ruiz Mantilla (Santander, 1965) es escritor y periodista. Ganador con Gordo del premio Sent Sovi de literatura gastronómica, es también autor de Los ojos no ven y Preludio. Actualmente es redactor y columnista del diario El País y colaborador del programa La ventana, de la Cadena Ser.

Texto: Ignacio Saldaña

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lunes, 12 de marzo de 2007

LA MÚSICA Y EL III REICH

En 1933, con la llegada al poder de Adolf Hitler, se inicia una cruzada para intentar erradicar de las artes todo lo ajeno al alma germánica, introduciendo el elemento racial en la política cultural, que comportará también un movimiento de depuración dirigido contra la modernidad artística. El expresionismo, el dadaísmo, la Nueva Objetividad, la Bauhaus… todas las innovaciones estéticas contradecían el ideal de belleza propagado por el régimen nazi y eran consideradas corruptoras de la moral y la estética del pueblo alemán.

Se confiscaron de los museos más de 16.500 obras de arte moderno (algunas de las cuales fueron destruidas y otras vendidas), profesores y directores de museos fueron destituidos, muchos artistas fueron perseguidos y se organizaron exposiciones para ridiculizar el arte moderno… Este proceso culminó en el año 1937 con la gran exposición de Munich titulada “Arte degenerado” (Entartete Kunst), en que se presentaron obras de artistas como Kokoschka, entre otros.

Bajo el Tercer Reich, Wagner fue proclamado “fundador espiritual” de la Alemania nacionalsocialista y la política nazi encontró un modelo a seguir en las obras del maestro de Bayreuth. Estas fueron objeto de tendenciosas interpretaciones que pretendían justificar y legitimar las acciones del régimen.

Más allá de la pasión wagneriana de su líder, el III Reich presenta un panorama musical muy complejo, donde se entrecruzan las trayectorias, no siempre rectilíneas, de personalidades más o menos comprometidas con el régimen, las relecturas a veces conflictivas del pasado musical, las vacilaciones de la ideología oficial entre la ortodoxia y el pragmatismo, los episodios de represión y exilio protagonizados por tantos creadores de primera fila difamados, así como la presencia chocante de música en los campos de concentración y exterminio.

La exposición“La música y el III Reich. De Bayreuth a Terezin” quiere contribuir a la comprensión de esta complejidad a través de la revisión de los diferentes intentos del régimen por definir unos criterios e imponer una música en sintonía con el ideal nacionalsocialista.

LA MÚSICA Y EL III REICH: De Bayreuth a Terezin
Sala de exposiciones de la Fundació Caixa Catalunya
La Pedrera. Passeig de Gràcia, 92. Barcelona.
Del 27 de febrero al 27 de mayo de 2007

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jueves, 8 de marzo de 2007

Festival Internacional de Música Avanzada en León

Tras la buena acogida del FIMA en 2006, el MUSAC vuelve a poner en marcha el Festival Internacional de Música Avanzada, demostrando una vez más su interés en difundir y participar en multitud de manifestaciones artísticas contemporáneas que se generan en formatos de muy diversa índole.

Este viernes 9 contarán con las actuaciones de Matthew Herbert, Motor (Live), John Tejada (Live), Digital 21 y Fernanda Díaz. El sábado 10 estará protagonizado por FRONT 242, AUDIO BULLYS, Black Strobe, FANGORIA y Terence Fixmer & McCarthy.

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miércoles, 28 de febrero de 2007

Ridi, pagliaccio

Nada más aparecer en escena, se barruntaba que algo único estaba a punto de ocurrir. Cuando la voz ancha y cavernosa de Vladimir Galouzine atacó los primeros compases de su Canio, el papel que representa en el Pagliacci de Ruggiero Leoncavallo, un sentimiento de excepcionalidad recorrió el patio de butacas. Estábamos en la segunda parte de lo qe iba a ser, sin ninguna duda, una extraordinaria noche de ópera.

Antes, en la primera parte, tuvimos el placer de disftrutar de la voz de Violeta Urmana en su papel de Santuzza, en Cavalleria Rusticana. Voz de un registro medio amplio, que atacó sin miramientos y con suficiencia los agudos de la partitura de Pietro Mascagni. Vicenzo La Scola alcanzó un notable nivel como Turiddu, y Marco Di Felice cantó muy bien su Alfio. Jesús López Cobos, al mando de la orquesta y el coro, puso los acentos dramáticos que necesitaba la obra, y nos brindó un escalofriante intermezzo, pleno de intensidad y color orquestal.

La ocasión era perfecta. Dos títulos conocidos para el gran público. Dos óperas veristas que ofrecen enormes dificultades, pese a que su música ofrezca una impresión un tanto simple, buscando el efecto fácil. Sin embargo, la fuerza y el libreto son de un enorme dramatismo que obliga a sus cantantes a darlo todo encima del escenario. Teatral y musicalmente. No fue menos con esta propuesta escénica de Giancarlo del Mónaco, que decidió dedicar estas funciones a la memoria de su padre, el tenor Mario del Mónaco.

El director de escena planteó una Cavalleria un tanto estática, situando la acción en una cantera de mármol sobre cuya blancura contrastaba con la negrura de los ropajes de los actores. La atmósfera recordaba un tanto a Strómboli, de Roberto Rossellini; una tensión opresiva en el marco de una jornada festiva, como es el Domingo de Pascua. Sin embargo, Del Mónaco renunció a este contraste y decidió introducir una procesión más propia del Viernes Santo, aumentando así el presagio de tragedia que planea sobre toda la obra.

En Pagliacci dominan la escena tres enormes murales con la imagen del célebre baño de Anita Ekberg en la Fontana di Trevi en la película de Federico Fellini, La dolce vita. Una guiño cinematográfico que puede buscar un cierto paralelismo con el personaje de Nedda, mujer de Canio, cuyos encantos son correspondidos por un campesino y despiertan el irrefrenable deseo de Tonio y los celos de su marido. Del Mónaco plantea con gran solvencia la comedia que ha de representar dentro de la ópera, con detalles luminotécnicos y de color que impulsan la trama. Pasamos de la realidad sombría y sórdida de los payasos cuando son meros mortales al colorido y alegría propios de una comedia, justo cuando ellos dejan de ser personas para ser sólo payasos.

Por eso Canio canta en su Vesti la giubba una frase desgarradora; la desoladora paradoja del payaso: La gente paga e rider vuole qua / e se Arlecchin t'invola Colombina, / ridi, Pagliaccio, e ognun applaudirà! (La gente paga y quiere reírse aquí / y, si Arlequín te levanta a Colombina, / ¡ríe, Payaso, y todos aplaudirán!). En ese momento culminante, uno de los más conocidos para el público, Vladimir Galouzine no defraudó. Cantó con enorme sentido dramático un aria realmente difícil para los cantantes de su cuerda. A partir de aquel momento, la representación fue todavía a más y concluyó con un gran éxito.

En buena medida contribuyó a ello la soprano navarra María Bayo. Su papel merece una mención aparte. Lo cantaba por primera vez, en lo que suponía su estreno en el repertorio verista. Calidad vocal no le faltaba, pero ¿iba a poder cristalizar la Nedda que la partitura y la regia de Del Mónaco le pedían? A fe de que lo consiguió. Cantó muy bien el aria de los pájaros y se convirtió en una consumada actriz en la comedia que interpretan los payasos. El resultado escondía el titánico esfuerzo que supone para los intérpretes defender sus personajes. Solo ellos conocen la dificultad de ese camino. Por todo ello, María Bayo estuvo sobresaliente. Buscó y encontró. Y si algo es la ópera, precisamente, es eso: una singular e inefable búsqueda.

Texto: Felipe Santos
Fotos: Javier del Real

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lunes, 1 de enero de 2007

La sobriedad optimista

Hay algo en los Conciertos de Año Nuevo que, por mucho que repitan año tras año un repertorio casi idéntico, los hacen tan nuevos como los años que inauguran. Por mucho que oigamos piezas como Moulinet-Polka, Künsterleben, la entrada fallida del Danubio Azul, con el consiguiente Prosit Neujahr! de la orquesta, y las palmas finales acompañando la Marcha Radezty, siempre hay algo que despierta nuestra atención.

En principio, los valses y polkas de la familia Strauss son un tipo de música que, de forma apresurada, podríamos catalogar como easy listening, música ligera de fácil consumo. Sin embargo, maestros como Zubin Mehta, el encargado de comandar la centuria vienesa este año, nos obligan a aguzar el oído y escuchar atentamente cada una de las piezas. Él mismo, cuando estudiaba en la Academia de Música de Viena, acudía cada año a los ensayos de este concierto, y "la música de los Strauss me cautivó desde entonces (...) no es música ligera, ni meramente jovial. Tampoco es una tragedia, pero uno debe interpretarla con seriedad y con una visión optimista y positiva" (Entrevista en El País, 31.12.06).

Y eso es lo que ocurrió en la Goldensaal de la Musikverein de Viena. La dirección del maestro hindú y el talento descomunal que atesoran los profesores de la Filarmónica vienesa nos regalaron un concierto muy notable, con unos ralentandi nada forzados y llenos de sentido musical. Destacaron especialmente las interpretaciones de Dynamiden, de Josef Strauss, donde los melómanos a buen seguro adviritieron varios compases que Richard Strauss tomaría prestados para los valses del barón Ochs en Der Rosenkavalier; el estreno de una pieza del más joven de los Strauss, Eduard, que lleva por título Sin freno; la sensual y bucólica Donde los limoneros florecen, de Josef Strauss; y la divertida, aunque el nombre así no lo indique, Elogio de la seriedad, de Johan Strauss, padre. En esta última, la más celebrada si cabe por el auditorio que presenciaba el concierto, profesores y maestro compusieron un cuadro en el combinaron el virtuosismo interpretativo de la orquesta con el optimismo y la jovialidad que brindaba la ocasión.

Antes, en el descanso del concierto, quienes seguían la retransmisión por televisión, pudieron contemplar un bello documental ambientado en el Parque Nacional, con excelentes interpretaciones de instrumentos de metal a cargo de Vienna Horns y The art of brass. Especialmente memorable fue su ejecución del Scherzo de la 3ª sinfonía de Anton Bruckner. Desde luego, fue de lo mejorcito de la mañana.

En las propinas, Mehta quiso conmemorar el centenario de Josef Helmesberger con otra pieza suya, además de Danzas de los elfos, interpretada al comienzo del concierto. En su felicitación, el maestro hindú dio la bienvenida a Bulgaria y Rumanía a la Unión Europea, justo antes de abordar el Danubio Azul, río que también cruza estos dos países. En la retransmisión, pudimos ver bailar este archiconocido vals a la española Lucía Lacarra, pima ballerina del ballet de la Ópera de Munich. Al final, como de costumbre, la Marcha Radeztky, esta vez con combinación estereofónica de las palmas, que hizo las delicias del público.

Y así, hasta el año que viene. Es difícil no concluir este concierto con una sonrisa en la boca y con la sensación de haber asistido a un concierto de una enorme calidad, musicalmente hablando. Quizá por ello, es el más visto de todo el mundo, en una especie de ritual del optimismo, de cara al nuevo año que comienza. Eso era precisamente lo que se buscaba cuando se institucionalizó este concierto, allá por 1939.

Texto: Felipe Santos
Foto: AP

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viernes, 29 de diciembre de 2006

El Met se va al cine

Mañana es el día. La sesión matinal de Die Zauberflöte, de Mozart, que se representa estos días en el Metropolitan Opera House de Nueva York, se podrá ver, en alta definición y en transimisión vía satélite, en salas de cine de 6 países: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Noruega, Dinamarca y Japón. ¿No está España? No, no está España. ¿Y por qué?

Este acontecimiento no es sino otra nuestra más de la miopía de nuestros programadores musicales y culturales. Somos la envidia de Europa por la cantidad y calidad de nuestros auditorios: los más nuevos, los mejores. Cada parroquia grande tiene el suyo. Y debe ser un motivo de orgullo. Pero tras los fastos de la inauguración viene el encefalograma plano. Unas veces por dinero y otras, por la falta de compromiso e imaginación de los gestores de turno, normalmente políticos. Ahí está el maravilloso Auditorio de San Lorenzo de El Escorial, muerto de risa, y tantos otros, en los que la música se ha dejado a un lado y el que era auditorio se ha convertido en lugar para congresos, banquetes y saraos, que, dicen, dan más dinero.

Sin embargo, a nadie se le ha ocurrido explorar la posibilidad de hacerse con la tecnología para que espectáculos como el que ofrece el Met, puedan verse también en cualquier rincón de España. ¿Que la tecnología es cara? En el país del pelotazo inmobiliario y con el mayor número de billetes de 500 euros en circulación, decir esto suena a sarcasmo, pero seamos serios: creo que puede ser accesible con una buena política de patrocinio.

Retransmisiones como las que va a realizar el Met son la mejor forma de ver lo que hacen otros teatros y, también, de mostrar lo que hacemos en España. Por eso es una tecnología nada desdeñable para teatros que aspiran a ser un referente en la producción operística internacional. Otro tanto podríamos hablar de los conciertos. Así que, a ver si hay suerte, y a alguien se le ocurre contactar con el Met, meterse en el circuito y ofrecer un producto que, no tengo ninguna duda, tiene demanda. No es igual que ir al teatro, pero tiene más calidad que verlo en el DVD de casa.

El Teatro Real tiene esta tecnología y la ha utilizado para reponer algunas de sus producciones, como La Traviata o La Boheme. El problema puede ser de fechas, pero ¿por qué no hermanarse con el Met, poder ver sus producciones aquí y que vean las nuestras allá?

Hasta seis títulos tiene previsto transmitir en directo el Met, en horario matinal, para que el cambio horario permita su recepción en Europa y Asia. Después de la que se emite mañana, se podrán ver I Puritani, con Anna Netrebko; El primer emperador, la nueva ópera del compositor chino Tan Dun, con Plácido Domingo y dirección de escena de Zhang Yimou; Eugene Oneguin, con Reneé Fleming y Dmitri Hvorostovsky; Il Barbiere di Siviglia, con Juan Diego Flórez; e Il Trittico, con dirección de escena de un asiduo de Broadway, Jack O'Brien.

Doce cámaras estarán pendientes de las evoluciones de los personajes en el teatro, que llegarán por satélite en formato alta definitición y sonido digital a todas las salas. Las entradas cuestan algo más que el cine convencional y menos que una entrada a la ópera: 15 dólares (unos 12 euros al cambio) en Estados Unidos y 12 libras (unos 18 euros) en el Reino Unido. Ojalá pronto podamos verlas por aquí.

Texto: Felipe Santos

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